viernes, 27 de marzo de 2015

confesion de aquellos instantes antes de separarme por momentos de ti


Inhale, llene de aire mis pulmones esperando llenarme de su ser en lugar de aquel aire tan insípido, como si con ello lo aprisionara en mi ser, como si al hacerlo me asegurara que nunca se marcharía.
En aquel silencio inspiré, llene de aire mis pulmones y desee no soltarlo.

Siempre navegue sin remojarme de mas

Siempre navegue sin remojarme de mas en el amor, bordeando los limites con cuidado de no volver a salir herida. Yo no amaba, no mas. Una que otra vez me aventuraba a ir un poco mas adentro pero sin perder de vista el borde, que era mi salvavidas emocional. Sabía mi rumbo aun antes de comenzar y conocía como terminaban las cosas, deje de preocuparme.

Aburrida un día como cualquier otro, envidié la gran aventura de otros barcos que navegaban  distraídos y despreocupados por aguas mas profundas; lo desee tanto, como Ícaro quiso llegar al sol.

Levante anclas y navegue un tiempo para lograr encontrarme con el Océano al que me aventuraría, me dio miedo y decidí volver a vagar por los mares, pero al final, regrese justo al mismo Océano de marejadas y calma. Tome todo mi valor y me adentre en el sintiendo toda clase de eventos; en ocasiones entre en pánico, pero después de un tiempo, navegaba en el como una gota mas de sus aguas, como uno solo.

Océano se levanto en contra golpeándome con fuertes oleadas, resistí y resistí hasta que llego la calma y el cielo despejado, me confié tanto que olvide que el mar traiciona y con una enorme ola golpeo hasta hundirme y revolcarme en el. Me remojo en sus entrañas intentando triturame y me fui deshaciendo poquito a poquito; sin saber como , llegue al borde de seguridad sabiendo mi mal herido estado, mi casi inexistente cuerpo se aferro con fuerza una y otra vez para salir del peligro, pero las partes desgarradas ese día se quedaron con el, dispersas en el infinito, en un infinito ya incierto.

El tiempo transcurrió sin sentido real, la vida trajo a mi pequeños parches para  reparar y reforzar mi coraza. Me quede sin ancla y el viento de febrero me empujo a un nuevo Océano cálido y acogedor que me acaricia con sus aguas, que me derrite en su vaivén cuidando siempre de mi, que me hace brillar como la bioluminiscencia del alma en sus entrañas.